Brigada de la Voluntad

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Los guardianes anónimos contra el fuego.

Por Lautaro Andrszczuk / Fotos: Sebastián Pani

Es difícil encontrar mucha gente que haga algo bueno por el otro, y si además lo tiene que hacer gratis, es casi imposible. Hace 130 años en el barrio de La Boca germinó una semilla, con ramificaciones en todo el país, de gente que salva a su semejante sin pedir, ni recibir nada a cambio: Los Bomberos voluntarios de La Boca. Y nos fuimos con ellos a compartir una guardia.

JUNTOS EN LA MISMA MESA

Si bien los bomberos están siempre al pie del cañón (en este caso de la manguera) es durante los nes de semana cuando hay más trabajo, no porque se produzcan todos los incendios en esos días, sino que es cuando se realizan las guardias de equipos completos en el cuartel. Por eso, fuimos un viernes cualquiera a pasar la noche de guardia con ellos (la invitación a comer un guiso de mondongo casero ayudó a elegirlo, no vamos a mentir).

Las puertas del lugar siempre están abiertas en todos los sentidos, en el literal de las palabras, y en el gurado de la colaboración al barrio. “La idea es también ayudar a muchos chicos que están en la calle, o que no saben que hacer de su vida, acá incentivamos a todos los que vienen a que estudien y trabajen”, nos explica Juan Carlos De Luca, segundo jefe del cuartel.

El taller social de karate que se brinda para los chicos vecinos del cuartel es un buen ejemplo de lo que cuenta De Luca. La camaradería entre todos es muy notoria, el respeto para los que ostentan un cargo mayor está presente, pero un ejemplo de compañerismo es ver a los primeros oficiales encargándose en mayor medida en la preparación de la cena.

EL DESPUÉS

“Eso de que con el tiempo te acostumbras a ver la muerte es mentira, lo que te pasa es que en el momento no pensás en otra cosa que no sea rescatar al que está en problemas”, nos dice Ricardo Vairo, colectivero y cuarto oficial del cuartel. En febrero la tragedia de Barracas, donde se incendió el depósito de la empresa Iron Mountain, tocó muy de cerca a todos. Si bien ninguna de las diez víctimas fatales eran integrantes del cuerpo de bomberos voluntarios de La Boca, varios habían compartido momentos e historias con integrantes del cuartel. De Luca recuerda esos días de trabajo en el lugar.

No sabría decirte cuánto dormí ni cuanto comí en esos días. Mi cabeza estaba allá, no había tiempo de pensar en las personas que ya no estaban. Recién cuando terminamos nuestro trabajo fue cuando notamos más fuerte las pérdidas“, relata el segundo jefe del cuartel. Vairo además destaca lo difícil que es recomponerse de asistir a un siniestro donde haya un bebe como víctima.

Realmente en el momento es una persona más, pero días después, por lo menos a mi me queda rondando en la mente. En una oportunidad que perdió la vida un nene, oía un llanto en la calle y los recuerdos volvían a mi cabeza“, relata marcado Vairo.

DIAS DE EXAMEN

Nuestro viernes cualquiera para acompañar al cuerpo a hacer la guardia en el cuartel, coincidió con el día previo al examen final de los aspirantes a bomberos. Mientras caminábamos el salón de actos, oímos a los chicos y chicas que repasan para la prueba del día siguiente. Entre ellos, una cara nos suena y no es la de Marley. “Pepe” Monje, actor de una carrera de más de 30 años en tele, cine y teatro es uno de los aspirantes.

Nací en Barracas y a los Bomberos siempre los tuve cerca. A los cinco años quería ser bombero y actor. Pero me quedé con el actor“, cuenta el ganador del premio Ace 2013. Monje agrega: “Primero me acerque para el piloto de la tira ‘Fuego en tu boca’ que nunca salió al aire (Ndr: denuncia que “Sos Mi hombre” los había copiado) y casi sin darme cuenta acá estoy“. “Los años trabajando en los medios no cambian en nada el trato hacia él. Obviamente que al que lo ve le llama la atención, pero para nosotros no es Pepe Monje el actor, es José María“, afirma el Comandante Mayor.

La noche antes de que nos sirvan el tan esperado guiso de mondongo, casi a las 11 de la noche, sonó la sirena. Los platos tuvieron que esperar y el equipo que ese día era el encargado de salir, se cambió y salió a controlar un incendio que estaba comenzando a pocas cuadras de Brandsen 567, donde está el cuartel. No mucho tiempo después, regresaron y con todo el plantel completo nuevamente, comimos y compartimos un poco de sobremesa, con alguna charla futbolera,y nos vamos a las camas a intentar dormir. Algunas vueltas en el colchón después, quizás por la ansiedad de oír la sirena

nuevamente (cosa que no pasó), apareció el sueño que se prolongó sin sobresaltos hasta la mañana del sábado. Ya con la luz del sol ltrándose por las ventanas, nos volvemos a cambiar, y con previo agradecimiento por tanta hospitalidad, nos vamos.

Mientras buscamos un colectivo para el regreso a casa vemos la cancha de Boca, la gran referencia del barrio, historia viva de nuestro fútbol, pero en la que difícilmente encontremos gente que “transpire la camiseta” y “deje todo” a la altura de los héroes anónimos con los que acabamos de pasar la noche.

 

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