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Cómo convencerlas de ver una porno

| | Cómo convencerlas de ver una porno

Incluir el cine XXX en nuestras relaciones es una vieja fantasía. Beneficios y argumentos para concretar. Mirá la Galería de imágenes.

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Poder incluir a porno en nuestras actividades de pareja es un viejo anhelo masculino que muy pocos héroes han logrado. Te contamos la historia y las razones de la fallida relación de las chicas y el cine para adultos, las posibilidades del soft-porn de cable de fin de semana y las mejores técnicas para lograr esta utopía. La clave: sacarse (y sacarles) los prejuicios de encima.

Hasta no hace mucho tiempo, disfrutar del arte XXX constituía una aventura bastante complicada, rodeada de un halo de clandestinidad. Hoy en cambio no hay más que darse maña con internet. Sin embargo, hay una cosa que se mantiene invariable: la dificultad de convencer a nuestras chicas para que nos acompañen en el asiento del espectador. Desde siempre, las mujeres han mantenido una actitud de rechazo casi absoluto. Sea por el rol que se le asigna a las damas en el relato, la falta de necesidad de estímulos pictóricos o el simple prejuicio, el cine adulto nunca logró atraer el interés del público femenino, dejando al varón y sus ganas de compartir la experiencia.

Si hay algo en lo que concuerda la mayoría de las chicas, es que les disgusta el modo en el que se representa a la mujer en las películas porno. Por un lado, como afirma L, de 24 años, “en las porno a la mujer se la reduce a un papel muy poco interesante, no tienen misterio ni sensualidad”. Efectivamente, “cada sexo encuentra la satisfacción por distintos medios, y en el caso de las mujeres esto se vivió siempre más por el lado de la seducción que por lo directamente físico”, asegura una psicoanalista. “A nivel social durante años se quiso imponer una idea de mujer como madre pura que reprime su sexualidad y eso es incompatible con la pornografía”, agrega. De hecho, el término pornografía procede del griego: porne es “prostituta” y grafía, “descripción”, es decir, “descripción de una prostituta”. Designa en origen, por tanto, el ambiente del gaterío y, por extensión, de las actividades propias de su indispensable oficio. “Este tipo de tabúes siempre jugaron en contra”, cierra la especialista.

El paso del tiempo y el desprendimiento de estos tabúes históricos habilitó a que muchas chicas se acercaran a este tipo de narrativas (como libros y películas eróticas), que si bien ponen el eje en las aventuras carnales de sus protagonistas, plantean figuras que apelan mas a la sensualidad que al dunga- dunga explícito y directo. “El problema no es que las mujeres no tengan o no les interesen las fantasías sexuales, sino que todo depende de la manera en la que la película encare la situación”, afirma G, de 26 años y asistente contable. Efectivamente, el gran logro del soft- porn es haber habilitado un primer contacto de las mujeres con la cinematografía erótica, en una experiencia dónde no sólo logran estimularse sexualmente, sino también aprender nuevas ideas para llevar a la cama. “Hay muchas mujeres a las que les gusta, porque les ayuda con el tema de las fantasías, tanto propias como las de la pareja”, dice M, de 27 años.

Otra técnica recomendable es la de explotar el enganche de las adaptaciones de clásicos cinematográficos (“sex- remakes”). Desde hace muchos años que la industria pornográfica genera películas basadas en la parodia de ficciones surgidas del mainstream como “Las Tortugas Pinjas”, “Pirates XXX”, y parodias como “The Da Vinci Hole” (El agujero Da Vinci), que gira alrededor de una Gioconda que esconde los rastros del semen milagroso de Leonardo. Reconocer que las películas porno pueden hacernos reír y entretenernos más allá de la mera relación sexual es un gran gancho y prende muy bien en el público femenino. Como asegura F, una nena de 22, “después de unas copas, verse una bizarra es lo más. Puede ser de lo más gracioso que haya visto en mi vida”.

Pero no nos engañemos. Si bien tener el soft- porn de fondo es mejor que poner una estación de radio con música para taxistas estresados, nosotros queremos que nuestras parejas sean asiduas consumidoras de lo más hard. Para comenzar, debemos aprender de los errores de las películas “clásicas”. Si a las muchachas les desagradan los personajes femeninos groseros y pasivos, un buen enganche son las series en las cuales las protagonistas son ellas, protagonistas con actitudes proactivas y aventureras. Hay series de películas cuyos ejes argumentales giran en torno a la búsqueda de nuevas experiencias por parte de la estrella porno en cuestión. De este modo no solo es posible lograr que las chicas se relacionen más con la historia y la acepten de mejor modo, sino que además nosotros mostramos una faceta menos machista y dominante con respecto a lo que esperamos de una mujer. “A mi las que me gustan son las de la mina que usa la vincha con el corazoncito, Emanuelle. Yo misma me fijo cuando las pasan y le aviso a mi pareja para que las veamos juntos”, dice L, una diseñadora gráfica de 25 años. Evidentemente, lo primero que hay que desarrollar es el hábito, y después empezar a subir el tono.

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