Tattoo girls: Historias de mujeres tatuadoras

| | Tattoo girls: Historias de mujeres tatuadoras

No descubrimos nada si decimos que las mujeres cada vez más van logrando la merecida igualdad con nosotros. Ya no sorprende  ver mujeres que son dueñas de sus locales y empresas o escalan posiciones en sus trabajos. El mundo del tatuaje no está exento de esto. Cada día son más las chicas que se animan a tatuar y por eso en H charlamos con algunas de ellas. Experiencias, ventajas, contras y diferencias, que sienten y viven las mujeres que hacen su arte en la piel.

A Fernanda Amadori se la puede encontrar en Madre Tinta, el local que tiene junto a su pareja en Villa Devoto. Ella como tantos otros tatuadores y tatuadoras se acercó no solo por el gusto por los  tatto sino también por el arte. “Siempre me gusto lo artístico. Dibujar, pintar y hasta maquillar, algo en lo que también laburo. Tengo fotos de chicas que tengo las manos dibujadas. El tatuaje es algo distinto, me fui metiendo junto a mi pareja que tatuaba hace rato”, explica  Fernanda, que además agrega que su pareja no solo la introduzco en el mundo de tatuar sino que además puso su piel para ser su primer tatuaje. Ante la consulta de si tuvo alguna ventaja o desventaja por el género contesta: “Me ha pasado que alguno me haya dicho que prefería que se lo haga un hombre porque ellos tienen la mano más pesada, pero no lo tomé mal para nada, es más ha sucedido lo contrario, que personas prefieran que los tatúe yo porque al ser mujer te consideran más delicada, sobre todo en zonas que son un poco más dolorosas o si es una mujer le puede dar pudor que se lo haga un hombre. Es un momento en que las chicas quieren estar tranquilas y si además de los nervios de hacerse un tatuaje le sumas que las intimida que un chico le vea cierta parte de su cuerpo es peor, por eso en varios casos prefieren a una mujer para esos momentos. También me pasó, que por ejemplo, que una vez entró una chica musulmana, que por su religión quería que si o si la tatúe una mujer, porque ningún hombre le podía ver la piel descubierta ni mucho menos tocarla”.
Fernanda cuenta con un tatuaje hecho en su haber que sería la envidia de más de uno, porque fue casi una revancha: a su propia madre. “Después de tantos años que ella me decía que no me haga nada, la termine tatuando a ella. Estaba super nerviosa, pero le quedó muy bien y fue un gusto que me dí de tatuar a mi mamá” remata Fernanda.
Fernanda no duda ante una pregunta que fuimos repitiendo con cada una de las protagonistas de esta nota, ¿Quién se la banca más a la hora de un tatuaje, el hombre o la mujer? “Sin dudas las mujeres, capaz vienen con dudas o algo, pero después son las más relajadas. En términos generales las ujeres estamos más capacitadas para resistir el dolor” explica Fernanda.

En pleno Caballito esta Lion House, el estudio donde trabaja Ali Balmes, nuestra siguiente parada en esta camino de mujeres tatuadoras. Apenas entramos ella recién se terminaba de tatuar el brazo por su socio, precisamente quien fue el primero que fue tatuado por ella. “Desde muy chica me gustaron los tatuajes, siempre miraba y leía sobre ellos.  Me pasaba horas y horas dibujando, pintando, tratando de aprender siempre un poco más. Siempre fueron mi pasión, lo que realmente me encantaba”. Mientras realizamos la entrevista un padre espera a su hija que se tatua y Ali comenta: “Ojalá yo hubiese tenido el apoyo de mis papás, está bueno tenerlos cerca que vean a qué lugar te vas a tatuar, que cuidados tienen, nosotros les mostramos todo, para que vean que los están tratando a un lugar cuidadoso. A los 13 años me hice el primero. Hoy lo tengo tapado, era una parca. En ese momento me gustaba, pero me lo hice con un amigo y su máquina casera. No estaba bueno. Si mi mamá hubiese estado a mi lado mi podría haber aconsejado que me haga otra cosa, hubiésemos ido a un lugar que tenga las condiciones higiénicas que corresponde, todo diferente sin dudas ”. Ali dejó de lado su carrera como profesora de inglés y productora y se animó a lanzarse con un socio a tener su propio estudio. Además de tatuar, Ali se encarga de las redes sociales y la recepción del local y relata: “Con las mujeres genero mucha empatía y con los hombres ni hablar, vienen a que los tatúe yo específicamente. Algunos ni saben cómo tatúas pero si o si quieren que se los haga yo, que les toque el brazo. Después cuando ven que lo hago bien les gusta más todavía. Ha pasado que vuelven a la semana de un tatuaje para que les haga otro. Yo tampoco hago diferencia, si bien no me paso que me haga alguno una mujer, por ejemplo, a mí me gusta mucho el realismo y si conociera a una chica que es crack en eso voy sin dudarlo”. Ella además reconoce su faceta, casi de psicóloga a la hora de tatuar: “Además de escuchar a una persona y aconsejarla en diseño y en el lugar del tatuaje, por ejemplo les hablo si alguien joven se quiere hacer el nombre de una pareja. Yo tengo el nombre de un ex que me hice tapado. O sea me pasó, prefiero recomendarles que se hagan otra cosa. Está bueno escuchar a la persona que viene y contarles tu experiencia, les puede servir como herramienta para tomar de mejor manera una decisión”. Ali además destaca que varios prefieren una mujer a la hora de tatuarse por que presumen que serán más delicadas, tendrán más cuidados y hasta por imagen. “Y de por si al hombre le llama más una mujer tatuada, ni hablar una tatuadora. Siempre lo más importante es la capacidad de cada persona, pero reconozco que llama la atención” remata Ali.

No nos quedamos solo en capital, nos subimos al tren Urquiza y nos vamos hasta Cedrik Tatto donde charlamos con Fiorella Bonafiglia que con su remera de los Power Rangers ya nos cayó bien. La verdad, al empezar a charlar, nos damos cuenta que era lógico que Fiorella iba a terminar en el arte. “Desde los 3 años pedía pinturas y me quedaba dibujando desde siempre. Me encanta el arte, miraba películas, documentales, leía. Estudio el profesora en Bellas Artes y desde que arranqué quería buscar plasmar lo que hago yo en algo más que una performance, quería que quede de por vida. En la piel. Que dure para toda la vida”, relata Fiorella.
Igualmente en sus comienzos, al haber elegido un oficio poco convencional, se tuvo que bancar las opiniones paternas. “Me decían que estudie algo que me deje plata. Desde despachante de aduana hasta me recibí de tripulante de cabina de pasajero. Soy azafata, pero lo mío era el arte. Iba a las clases de otras carreras y me las pasaba dibujando” relata. Ante la consulta de diferencia entre hombre y mujeres, Fiorella considera que es más algo de prejuicio. “Me han dicho que les gustaba que yo soy muy delicada y cuidadosa, pero puede pasar que un hombre también lo sea o una mujer no lo haga con cuidado” explica. Fiorella fue tatuada tanto por hombres como por mujeres pero tampoco notó la diferencia estando del otro lado del mostrador. “Las diferencias las marcan el talento y la dedicación de cada persona no su género. Hay de todo. A  mí me gusta que me tatúen diferentes personas y tener el arte de cada uno y nunca sentí diferencias por ese lado, solo por formas de trabajar o estilos, nada más”. En lo que si nota algunas diferencias entre hombres y mujeres con el tatuaje es a la hora del arrepentimiento. “Las mujeres pensamos un poco más en lo estético, no nos gusta estar mucho tiempo con un tatuaje sin terminar o si no nos convence del todo lo retocamos o directamente lo tapamos, el hombre tal vez si no le gusta tanto se lo deja, piensa ‘ya fue’ y listo. Al menos generalmente creo que existe esa diferencia entre chicos y chicas”. Fiorella tampoco deja ese costado casi de psicólogo que tiene el tatuador  y comenta: “A mí nunca me gustó el hecho de ir a un estudio y que no asesoren a la persona que eligen el diseño y chau, se ponen los auriculares con la música al palo y ni siquiera les preguntan a la gente si les gusta cómo les está quedando o algo. Hay mucha carga emotiva en la gran mayoría de las personas que se tatúan. Muchas veces hay una historia detrás y está bueno formar parte de esa emoción. Me gusta estar cerca de la persona y aconsejarlo para el post y los cuidados también”.
Aunque desde que era solo una niña, comenzó a tatuarse, Pepita Corleone como la conocen y podemos encontrarla en las redes sociales, su salto a comenzar a tatuar no fue tan fácil. “Hace unos 10 años un amigo tenía una máquina y de forma autodidacta me animé a tatuarme mi propia pierna, me gusto, estuvo bueno, pero cuando hubo que pasar a tatuar a otra persona no pude. Lo sentía muy invasivo. O sea si bien es arte es a través de una herida en el cuerpo de otra persona, me costó. El cambio lo hice con una pareja que tuve que tatuaba y siempre me veía que yo dibujaba y pintaba, hasta expuse mis obras y me dijo que me tenía que volver a animar y probé y pude”, explica ella. Además de tatuar, Pepita también fue tatuada por mujeres y marca algunas diferencias: “Las mujeres somos más sentimentales y los hombres son más prácticos y eso también se nota a la hora de tatuar. Las mujeres además de preocuparnos por el tatuaje en sí, estamos atentas a la persona, cosa que no todos los hombres hacen. Al menos en términos generales. Va con cada personalidad no el género. Hoy se elige por estilo más que por si es hombre o mujer. Yo si soy muy cuidadosa porque a mí me duelen bastante los tatuajes y por eso soy así”. Ella destaca la importancia de las redes sociales en el crecimiento y comenta: “La mayoría de las chicas que tatúa no lo hace hace mucho tiempo y Facebook e Instagram nos permiten mostrar lo que hacemos y romper un poco con ese prejuicio” En esa tónica del estilo por encima del género, Pepita explica: “A mi me suelen elegir más mujeres para que yo las tatúe por mi estilo de líneas más delicadas con elementos más de la naturaleza, trabajos con agujas más finas. Es algo más femenino, pero por mi forma de ser. Igualmente también cada tanto tatúo hombres”. Los prejuicios ante los tatuajes todavía existen en algunos sectores, Pepita considera a alguien muy importante para lograr ese cambio y dice: “Marcelo Tinelli le hizo un favor al universo tatuándose, porque precisamente el público que mira su programa es el que no se tatúa y/o critica al que se los hace. Yo por suerte tuve unos padres que no me hicieron seguir un mandato ni me obligaron a estudiar una carrera que no quería. No me veo haciendo algo que no sea ligado al arte. Apenas me fui de mi casa tuvo otros trabajos solo por la plata porque la necesitaba pero ya está, por suerte ya pasé es etapa”.

Aunque estamos en Capital Federal nos vamos para el sur, o más precisamente para el local El Sureño, donde encontramos a Flavia Paravisi para que nos cuente algunas de sus vivencias como tatuadora. Como si se tratara de una circulo que su comienzo se encuentra con el otro extremo Flavia nos cuenta: “Mi primer tatuaje me lo hice de adolescente más que nada porque me gustaba el chico que me iba a tatuar. Fue así. Hoy que tatúo, me ha pasado que tuve chicos que se vinieron a tatuar y me quisieron chamuyar durante el tatuaje. O vinieron porque les gusto. Tal vez es una de las cosas que nos pasa a las chicas que tatuamos”.  Flavia comenzó en el tatuaje casi de casualidad: “Con un novio que tenía, una vez el cobró una buena plata y nos compramos varias cosas que no necesitábamos pero las compramos igual, entre ellas estaba un kit de tatuajes. Y así autodidactas nos mandamos. Nos tatuábamos entre nosotros y a algunos amigos. Recién en un viaje que hicimos a Europa donde nos contactamos con unos tatuadores muy grosos que a mi me gustan mucho y que ellos al verme trabajar me digan ‘Dale anímate a dedicarte a esto’ sos buena me termino de convencer. Siempre quise tener un trabajo que el que no tuviera jefes y apareció el tatuaje”.  A la horade trabajar, Flavia reconoce que siempre trata de ponerle su toque personal: “Si alguien viene con un diseño que no me gusta lo trato de convencer de hacer lo que yo tenga ganas de hacerle. Soy de convencer mucho a las personas a la hora de aconsejarlos en sus tatuajes. Me dijo que les quedaría mejor por su cuerpo o lo que sea y se los digo y hago lo posible por que acepten y se lo hagan. No me sirve hacer algo que no me gusta, no puedo mostrarlo y por lo tanto no me va a generar más trabajo”.  Si bien Flavia no nota diferencias con los hombres ni cuando fue tatuada por personas de ambos géneros con respecto a delicadeza, fuerza y cuidados, explica: “Siempre trato de hacer tatuajes que no se noten que los hizo una mujer. Para mi es fácil darse cuenta que diseño es de un hombre o una chica. Creo que hay chicos que pueden lograr lo contrario, pero  nunca vi mujeres que logren hacer tatuajes y que nadie note quien lo hizo.  Yo siento que soy muy buena haciendo mujeres, pero me gustaría que me salgan una calavera, por ejemplo, igual que le sale a un hombre. Peor es algo que se nota en todos los aspectos, somos diferentes y se nota. Esto hablando en términos generales. Va mucho con la personalidad de cada persona. Yo conozco hombres que son más mujeres que yo”.

 

Por Lautaro Androszczuk