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Tierra de tequilas y mucha buena onda

| | Tierra de tequilas y mucha buena onda

Tijuana en México es uno de los grandes destinos de “película” donde ir a despuntar los vicios.

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LA ENTRADA

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A un lado de la caseta de la frontera está la aduana de portal abovedado y un letrero tímido, inofensivo, que informa con letras mayúsculas: MÉXICO. Esta puerta es el acceso a una tierra extranjera. Los vigilantes de la frontera de México son invisibles, la inscripción y la puerta, provincianas: una pequeña puerta a un inmenso imperio […] Por las calles de Tijuana, en medio del desorden ruidoso, polvoriento, trepidante, en el calor pegajoso que huele a alcantarilla, siento que estar aquí es un instante especial de mi vida”. Esto escribía en 1981 el húngaro Sándor Márai, que prófugo del comunismo, vivió sus últimos años en la Baja California. Los años han pasado, la puerta y el letrero son más grandes, pero las sensaciones son las mismas. Tijuana es un mundo aparte. La ciudad más americanizada de México para algunos. La máxima expresión de la mexicanidad para otros. Lo cierto es que el sincretismo tijuanense ha dado como resultado una ciudad única, definida por su fronterismo y por la migración: mitad norteña, mitad west coast, full chinona.
LAS PLAYAS
El mito de Tijuana atrae a miles de personas a explorar los callejones de la ciudad, buscando la cantina y el club de striptease (así como idealizaron de Bukowski a Manu Chao). Pero este peregrinaje es opuesto Tijuana zona de guerra, donde Santa Muerte vive en los barrios de la periferia, saliendo para acechar al turista y a participar en la performance de la narcoviolencia ritual. El “culto a la muerte” mexicano está presente en todo escenario de la ciudad. Hasta en la playa, donde postes y chapas altísimas delimitan la frontera, y unos ataúdes coloridos (como intervenidos por Milo Lockett) conmemoran a los inmigrantes ilegales caídos. Las playas de Tijuana se encuentran a unos 30 minutos del centro. Pero hay mejores se maneja hacia el sur, siguiendo la Carretera Escénica: pasando el Real del Mar Golf Resort y Countryclub (que tiene una cancha de 18 hoyos increíble), te encontrás con el pueblo de Rosarito; y a una hora y media está Ensenada, con La Bufadora (uno de los geiseres marinos más grandes del mundo) y sus barrancos.
CULINARIO

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México no es sólo tequila y tacos. Por supuesto que los hay, y muy buenos (Tacos el Gordo; Tacos Gobernador en Los Arcos; el tradicional taco de pescado en Tacos Jr.; y el taco de “camarón enchilado” en El Mazateño.). Pero Tijuana también tiene su lado gourmet, potenciado en la última década. Ineludible el paso por Cervecería Tijuana para probar sus seis tipos de birra; siguiendo con exótico martini de tamarindo en Cheripan; para rematar la velada probando los vinos locales de Baja California en L.A. Cetto (se pueden conocer los viñedos con los paseos de Ecobaja Tours). Al mediodía: ensalada de cactus con aderezo de cilantro en La Diferencia; ensalada César en el Hotel César, donde se inventó el famoso platillo; pulpo bebé asado en Villa Saverios; o el tradicional coco con chile y limón en alguno de los paradores de sus playas. Segunda ronda de tragos con el mezcal de La Mezcalera Bar (en la Calle 6, entre Avenida Revolución y Madero); un mojito en El Lugar del Nopal (donde también dan lecciones de salsa); o tequila y mariachis en La Vuelta.

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