Las mejores historias de telos

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Invento argentino, los albergues transitorios son fuente inagotable de anécdotas graciosas.

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On fire

Que quien entra a un hotel está en llamas, no es novedad. Lo jodido es que el tema se convierta en una situación literal… En un hotel de ruta cercano a la localidad bonaerense de Rufino, un pibe dejó una toalla arriba de la estufa y le arruinó la fiesta a todos. “El hotel se empezó a incendiar y tuvimos que salir así como estábamos. En la puerta del hotel, mientras llegaban los bomberos, descubrí que mi hermana menor estaba envuelta en una manta con un pibe…”, recuerda Leo. Pasa en las mejores familias.

Con suegra y amante

Una morocha con pinta de familiera, que responde al nombre de Penélope confesó: “La primera vez que entré a un telo fue con mi suegra y su amante. Yo tenía 15 años y quería saber cómo eran por dentro. Le comenté a mi suegra y ella me llevó agachada en la parte de atrás del auto una noche que iba con su amante. Me dejaron entrar a la habitación, toqué todas las luces, los juguetes, me saqué la intriga y los esperé en el auto”.

Testigos en llamas

Los empleados de hoteles son testigos involuntarios de todo. Fernando recuerda: “escuchaba los gritos de las minas, veía a parejas de lesbianas que subían solas, tenía que decir que no a los clientes que me llamaban a recepción y me invitaban a subir… Al principio te quema la cabeza pero después te acostumbrás y el telo te resulta un lugar normal, es como estar en una verdulería“, asegura.

Otra que tiran los empleados es el horario de trampa: en las zonas de oficina, la hora del almuerzo está a pleno. Y attenti con esta data: “Cada vez hay más mujeres que entran al hotel con bolsas de supermercado o shopping, piden un turno de una hora y vuelven a su casa.” ¡Las famosas amas de casa desperadas!

Los empleados coinciden en que los buenos piratas toman recaudos antes de entrar. “Una vez vino un hombre caminando, pidió una habitación y la mina que venía con él cayó diez minutos más tarde, como por su cuenta… Cuando el tipo salió, su esposa (que lo había seguido) lo estaba esperando en la esquina pero como lo vio solo no pudo probar nada”, dice una ex empleada de un hotel de Palermo.

Pánico en la cama

Otras mujeres a las que consultamos también hicieron mea culpa. Así fue como descubrimos la historia de la rubia Sol: “A una amiga le agarró un ataque de pánico. Empezó con que se iba a morir ahí, que se iba a morir en ese momento y el flaco con el que estaba se asustó tanto que tuvieron que llamar al SAME. ¡Terminó entrando una ambulancia al telo!”

La figura de la arrepentida

La figura de la arrepentida es otra clásica, y no hablamos justamente de un proceso judicial. Varias nos contaron que al entrar a una habitación se preguntaron: “¿Cómo llegué hasta acá con este pibe?” Las salidas que encabezan el podio en esa situación son: escándalo por un pelo en la cama, acting de dolor de cabeza y frases como “lo vamos a tener que dejar para otro día. Me vino recién…”