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BUENOS AIRES

Avenida Brasil

| | BUENOS AIRES - Avenida Brasil

La vía homónima a la novela éxito en Buenos Aires.

Por Lautaro Androszczuk / Fotos: Sebastián Pani

Las comparaciones son odiosas, y más cuando sabes de ante mano que perdés. Avenida Brasil, la novela que le da pelea a Tinelli, tiene drama, amor, peleas por dinero y más. La nuestra, no tiene ni el éxito, ni el glamour de la brasilera. Con suerte, lo más parecido que podés encontrar en esta Avenida Brasil, es un “Jorgito” de dulce de leche -de dudoso vencimiento-, en un kiosko. Convertimos cuadras en capítulos, y vimos nuestra propia novela. Por suerte no nos cruzamos a Virginia Lago.

SI QUERÉS DAR LA VUELTA

Entre vías y la autopista nos encontramos el cartel que marca el cero de la Avenida Brasil. Transitando las primeras cuadras se ve una canchita de fútbol que abandonó su status de potrero para estar enrejada, y poseer el lujo de las redes en los arcos.

Las plateas son unos monoblocks donde sábanas, remeras con un Homero Simpson fumado, y tangas diminutas que ni nuestras chicas H se pondrían, cuelgan sin pudor de los balcones. La vieja canción de cancha para gastar al rival que no pudo salir campeón, involucra al Parque Lezama que vemos en el cruce de Brasil con Paseo Colón, donde se mezclan jubilados jugando al ajedrez con pibas pidiendo monedas en la esquina.

Al toque del parque, la iglesia ortodoxa rusa de la Santísima Trinidad (Ndr: de o lo más parecido a un castillo de la película Aladdín), está justo enfrente de “herejes” con camperas del Barça y de la selección argentina, que entre porro y vino en cajita comparten la tarde.

DE CHIQUILIN TE MIRABA DE AFUERA

“Yo creo que el bar es sobre todo, no digo la selva, pero por lo menos es el bosque que le queda a la ciudad”, así de­finió al bar, en una canción de 2 minutos, Enrique Symns, el periodista y escritor, famoso por sus participaciones junto a Los Redonditos de Ricota. Con esa aura vive el bar Británico, historia pura de las calles porteñas, que en la actualidad solo recibe turistas o algún nostálgico. Cuadras más adelante vemos los hoteles “familiares” que nos vamos cruzando, y que tienen menos pinta que Jacobo Winograd. Son lo más parecido a los conventillos de décadas atrás. Si hay algo que parece haberse detenido en el tiempo es la tapicería “Los Artesanos”. Aunque a veces nos parezca que no, aun hay gente que manda arreglar sus sillas, no todas son de ese plástico horrible que se parte ante el primero pasado de postres.

BIENVENIDOS AL TREN

Plaza Constitución, es casi a la hora que se lo visite, un territorio poco agradable. Todos apurados, todos apretados, con sueño, sea de día o de noche, hay que cuidar el bolso de los pungas que también laburan jornada completa. Pararse en una esquina a mensajear con el celular es casi tan extremo como tirarse en paracaídas. Y ver nenes pedir monedas para tener algo con que llenar la panza provoca tanta impotencia como que el paracaídas no se abra. En las esquinas cercanas a la plaza encontramos los ya clásicos travestis que ofrecen sus servicios sin importar la hora. Según cuentan, el “Happy hour” (doble sentido aparte) es a la salida de las bailantas que habitan el barrio. Algún vecino jubilado pasa, en busca de alguna fruta madura en la verdulería mientra les mira los melones a las “chicas”.

HABÍA UNA VEZ

El Polo Circo tiene a las carpas como una de las tantas caras que ven los que se animan a salir a correr por Avenida Brasil, con ropa mucho más barata que la que se usa por Palermo. La esquina de Combate de Los Pozos hace homenaje al rústico potrero vacío que encontramos adelante del territorio circense. Acá el running le esta ganando terreno al fútbol.Un pecado. Si vimos muchos nenes desprotegidos en Costitución, el Hospital de Pediatría Garrahan, es un estandarte por rescatarlos. Y justo enfrente del Hospital nos topamos con la primer parada del Metrobus sur, que según algunos de sus pasajeros “es el que peor funciona”. Aunque también es un paso adelante para un barrio por décadas olvidado.

ACABAMOS BIEN

A la altura del 1800, Brasil cruza la Avenida Entre Ríos, y entra en el barrio de Parque Patricios. Se ensancha para transformarse en una avenida de doble sentido, cruzando un gran espacio verde que alguna vez fue el Arsenal Esteban de Luca, demolido en la década de 1940. Las cuadras de Avenida Brasil en Parque Patricios, son lo más barrio que vimos en años dentro de la Capital. Señoras discutiendo quien estaba primera en la fila del almacén, y el diariero que comenta con un vecino si tal o cual gol, fue en “orsai”, pintan el paisaje. Pasamos por un taller mecánico y vemos a un empleado que esta por arrojar a un volquete, dos cubiertas destrozadas, que al enterarse que venimos de Revista Hombre, nos dice entre risas: “Con tantas minas en sus páginas y yo salgo tirando las gomas”. Al cruzar la Avenida Jujuy, a pocos metros de la estación Inclán de la línea H de subtes, en el límite con Boedo, vamos llegando al final y no encontramos nada de amor. Eso sí, el telo con toldo de kiosko que está en los últimos metros, por lo que vemos, funciona a toda hora. Lo que importa es acabar el recorrido bien.

 

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