El “amigo” ya tiene el museo que merece

| | El “amigo” ya tiene el museo que merece

En Islandia hay una institución que exhibe diferentes objetos y miembros viriles de hombres y animales.

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En Reikiavik (Islandia) funciona un museo que rinde homenaje a nuestro mejor “amigo”, el pene. El lugar permite constatar que en ese rubro la variedad de formas y tamaños no tiene límites. Desde el invisible apéndice de los elfos al monumental miembro de un cetáceo. Los visitantes deambulan entre sonrisas en la sala donde penes de todo tipo, forma y tamaño se exhiben, junto con obras de arte y artefactos con su forma, desde un tótem a un teléfono.

El museo fue fundado en 1997 y desde entonces siguió creciendo, en cantidad de piezas y de visitantes. La Faloteca Islandesa contiene una colección de doscientos ochenta penes y partes del órgano pertenecientes a casi todos los mamíferos marinos y terrestres de Islandia. Es un negocio familiar que en 2011 atraía a 14 mil visitantes y este 2017 llegó a 50.000 visitantes. Creado por Sigurdur Hjartarson, historiador y coleccionista de penes desde los años 1970, el museo hoy está dirigido por su hijo, Hjortur Sigurdsson. “Todo comenzó con una broma“, recuerda. “A mi padre le divertía coleccionarlos, hacer algo que nunca nadie antes había hecho. Es verdad que es un poco tabú, sobre todo el pene humano, pero alcanza con decir la palabra ‘pene’ para que a la gente le interese“, dice con una sonrisa, confiado en el magnetismo de su establecimiento, único en el mundo.

El negocio es rentable desde hace dos o tres años y ha crecido gracias al fenomenal crecimiento del turismo que recibe esta aislada nación del Atlántico Norte. La entrada cuesta US$ 13. Tres cuartos de los ingresos provienen de la venta de entradas y el resto, del negocio de souvenirs, que vende todo tipo de objetos con forma de pene.

En 2011, la colección familiar se enriqueció con un pene humano, donado por un islandés muy mujeriego y fallecido a los 96 años. El espécimen es un poco decepcionante. “El propio donante estaba molesto porque en los últimos años de su vida, su órgano se había encogido un poco“, admite Sigurdsson, mientras muestra cartas de hombres que proponen donar su miembro al morir. Se sumarían así a los demás ejemplares, conservados en líquidos, o secos y expuestos al público junto a 350 obras de arte. “Nuestra misión es biológica, no erótica“, aclara Sigurdsson, preocupado por el respeto a las buenas costumbres.

Aquí se puede comparar el color, tamaño y forma del minúsculo órgano del ratón con el gigantesco sexo del cachalote, que llega a medir 1,70 m. y pesa 75 kilos. Pero también se aprenden las distintas formas de usarlo. “La ballenas, por ejemplo, tienen un músculo retractable. No necesitan verdaderamente erección. Es muy distinto a nosotros“, constata el director sonriendo, encantado de que tantos turistas extranjeros -más del 60% mujeres- visiten sus colecciones. Una cosa es segura: un 99% de los visitantes son más felices a la salida que a la entrada. Pueden incluso llevarse de recuerdo un paquete de pastas con forma fálica.